El uso del aparato de gobierno sigue siendo herramienta fundamental en la logística política
Agencias . /
2017-06-07 08:55:05
*El PAN avanza notablemente en control territorial. Al PRD la alianza sólo le sirve para sobrevivir y colocar cuadros en cabildos y administraciones municipales
Alberto Olvera/ Xalapa, Ver
Los resultados de las elecciones municipales en Veracruz demuestran la importancia que mantienen las maquinarias políticas tradicionales en los procesos electorales. El uso del aparato de gobierno sigue siendo herramienta fundamental en la logística política, aun en la escala reducida que la crisis fiscal de Veracruz impone, y las redes de operadores territoriales siguen siendo fundamentales en la movilización de los votantes. Los ciudadanos libres son aun minoría.

El partido en el gobierno -el PAN en alianza con el PRD-, ha triunfado en 112 de los 212 municipios de la entidad, incluidas la ciudad y conurbación más grandes del estado (Veracruz puerto, Boca del Río y Medellín), así como en una gran cantidad de municipios rurales.
El PAN avanza notablemente en control territorial. Al PRD la alianza sólo le sirve para sobrevivir y colocar cuadros en cabildos y administraciones municipales. El avance de la alianza PAN-PRD es relativo. El año pasado, la alianza obtuvo el 34.4 % de los votos, mientras en las municipales sólo consiguió 32.9%.

Morena obtiene sólo 17.4% del voto estatal, disminuyendo notablemente el caudal obtenido en la elección para gobernador, que fue de 26.4%. La distribución territorial de su voto confirma su concentración en las ciudades petroleras de Coatzacoalcos, Minatitlán y Poza Rica, su amplio control en la capital Xalapa, y su escasa presencia en el mundo rural. Se confirma la falta de estructura electoral de Morena, su alta dependencia del voto de protesta y la escasez de cuadros locales. Muchos de sus candidatos fueron, como era lógico, liderazgos reciclados. Morena requiere alianzas para ganar presencia territorial.

El PRI sólo tuvo 34 triunfos, y de ellos ninguna ciudad importante, después de gobernar antes 80 municipios, lo cual profundiza la debacle electoral sufrida en 2016. En ese año obtuvo 30.3% del voto, ahora solamente 18.1%. Su aliado, el Partido Verde, ha dejado de ser electoralmente útil, por lo que el PRI requerirá, para sobrevivir, cooptar a todos los demás partidos pequeños.

Muchos candidatos desplazados de los tres partidos principales usaron las siglas de Movimiento Ciudadano, el Partido del Trabajo y Nueva Alianza con relativo éxito en zonas rurales y ciudades pequeñas. El partido magisterial ganó en 18 municipios a pesar de su baja votación estatal. Los partidos oportunistas triunfan en 32 municipios y en tres más lo hicieron candidatos independientes que vencieron las dificultades de registro. Este conjunto es el que se queda con los 20 puntos perdidos por el PRI y Morena. El valor electoral de esas formaciones sigue siendo alto gracias a sus estructuras y redes construidas a lo largo de muchos años y al acceso que tienen a financiamiento público, que mantiene operativas sus burocracias profesionales.

A pesar de la violencia generalizada de tipo criminal que padece todo el estado de Veracruz, las elecciones reportaron incidentes “menores”, a excepción de un muerto en el municipio de Catemaco, y de un candidato golpeado y un par de activistas de Morena desaparecidos en Chicontepec. En muchos municipios hubo acarreo de votantes, compra de votos y actos de violencia contra candidatos o activistas de diversos partidos, pero en escalas menores a las experimentadas en el pasado.

Al igual que en otros estados del país, las elecciones transcurrieron en Veracruz como si la violencia criminal no influyera directamente en los procesos políticos. Sin embargo, detrás de esta apariencia se ocultan múltiples microhistorias que demuestran que en varias regiones de la entidad el crimen organizado influye, así sea indirectamente, en los procesos electorales. Sería un grave error pensar que el sistema de partidos es inmune a esa influencia.
 
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