Porque Santa Anna nunca vivió ahí, la ex hacienda El Lencero debería llamarse “Museo del Mueble”
Agencias . / “Por eso, yo pediría a las autoridades correspondientes que reediten dichos folletos y que a El Lencero se le llame ‘Museo del Mueble’ y se omitan las mentiras acerca de que ahí radicó Santa Anna, quien en realidad vivía en “Manga de Clavo”, otra hacienda de su propiedad ubicada más abajo, por el rumbo de Plan del Río”.
2011-01-21 16:20:12
*En realidad, el controvertido militar compró el sitio en l842 por 45 mil pesos-oro a Juan Francisco Caraza *Mi abuelo materno, Rafael Murillo Camacho, compró en julio de 1935 el deteriorado inmueble en $5,559.36 pesos a Hacienda del Estado” *Al finalizar la década de 1970, la vendió en un millón 500 mil pesos a Lourdes Ortiz Monasterio, publirrelacionista de Carlos Hank González, entonces jefe del Departamento del Distrito Federal *En 1981, esta señora capitalina vendió en doce millones de pesos la ex hacienda al gobernador Agustín Acosta Lagunes, quien la convirtió en museo
Lorenzo Franco Aranda ./ Xalapa
Singular historia de lo que originalmente se llamó hacienda de “Nuestra señora de Aranzazú”, como lo registraba una de las campanas de la capilla fechada en 1797, en recuerdo a este santuario dedicado a la Virgen María en la provincia vasca de Guipuzcoa, al norte de España.

Al respecto, la xalapeña Luz María Dorantes Murillo comentó: “Este nombre lo tomé de una copia que tengo en mi poder, de la escritura pública No. 156, del 27 de mayo de 1842, en la que el propietario Juan Francisco Caraza y Zavalza vende a don Antonio López de Santa Anna esta hacienda, en la cantidad de 45 mil pesos-oro”.

Cabe recordar que este ilustre militar de carrera, que por diversas circunstancias llegó a ser once veces presidente del México independientes, nació en Xalapa en 1794, hijo del notario Antonio López de Santa Anna y de su esposa Manuela Pérez de Lebrón, quienes lo bautizaron con el nombre de Antonio de Padua María Severino.

“El general López de Santa Anna y su familia habitaban en la cercana hacienda de Manga de Clavo y sólo fueron dueños de El Lencero durante catorce años, ya que en 1856 el gobierno del presidente Ignacio Comonfort le embargó esta propiedad y en 1870, durante la administración del presidente Benito Juárez, se vendió en 50 mil pesos-oro”.

El Lencero, embargado y rematado por adeudos prediales

Tras pasar por diversos propietarios, la hacienda de El Lencero -cuyas colindancias eran por el oriente el poblado de Corral Falso (actual municipio de Emiliano Zapata) y por el poniente, con el rancho Las Ánimas o Ingenio Viejo (municipio de Xalapa)- en 1935 era de don Manuel Arrigunaga, a quien por adeudos prediales al fisco por un total de $4,097.31 pesos, al no cumplir con esta obligación tras ser requerido, el gobierno del Estado la embargó y luego del avalúo correspondiente, se puso a la venta en $8,339.04 pesos.

“Fue entonces cuando mi abuelo materno Rafael Murillo Camacho ofreció por ese gran predio y su casco, la cantidad de $5,559.36 equivalente a las dos terceras partes de lo fijado por el gobierno estatal”.

La entrega de las escrituras la hizo el administrador de Rentas de Veracruz, don Miguel Guevara, autorizado por don Narciso del Río Canedo, subtesorero del Estado.

En estas escrituras se especifica que el nuevo propietario había adquirido 28 hectáreas y 50 áreas de terreno y que era dueño de todos los edificios y dos manantiales.

La casa principal, como todos los demás edificios, estaba en ruinas. Entonces, don Rafael comenzó la reconstrucción de la hacienda durante dos años y medio, reinaugurándola en 1938 como casa de descanso de la familia Murillo Camacho, hasta 1968.

En esta etapa de la reconstrucción se utilizaron pedazos de madera. clavos, cristales y otros materiales originales que estaban en la fábrica de hilados anexa, para reparar o construir puertas y ventanas.

Adquisición paulatina del mobiliario

“Los primeros muebles antiguos, porcelanas, cuadros, lámparas y otros enseres que llegaron a El Lencero y que aún se conservan, fueron de la casa de su mamá -mi bisabuela- Margarita Camacho y Tres Palacios de Murillo, madre también de otro xalapeño ilustre, el ingeniero Dionisio Murillo Camacho.

“Posteriormente llegaron otros artículos antiguos (algunos muy desvencijados, pero reconstruidos después) procedentes de Tlacotalpan, tierra de nuestros ancestros a cuyos descendientes se los compraron o bien, ellos los donaron gustosos al saber que formarían parte del mobiliario de El Lencero.

“En el puerto de Veracruz, mi abuelo adquirió muchos objetos para su hacienda con sus familiares Estela y Concepción Carlín, quienes le vendieron roperos y camas que aún existen, ahora en exhibición”.

Posteriormente, en Guanajuato compró -entre otras cosas- la reja que está colocada al costado izquierdo de la casa, la cual tiene una águila con las alas extendidas y la fecha de 1858.

El piano de media cola lo compró don Rafael a la señorita Guadalupe Suárez Peredo, fabricado especialmente para ella en Alemania por ser profesora de música, como lo indica una placa de bronce colocada en el interior del instrumento.

Los objetos, apegados lo más posible a un mismo estilo y época

“Mi abuelo procuró conservar el estilo en todo el mobiliario y diversos objetos. Por ejemplo, el alumbrado original de la casa y su capilla anexa era a base de candelabros para velas y candiles de petróleo”.

En la planta baja de la casa estaba un cuarto especial donde se guardaban estos aparatos de iluminación y había un empleado que como ritual, todas las tardes se dedicaba a encender y colocar en las habitaciones, corredores e iglesia, la luz necesaria.

“Todas las etapas de reconstrucción fueron dirigidas por mi abuelo. Para ello contaba con carpinteros, albañiles, ebanistas, pintores, gente que le trabajaba muy bien y le interpretaban todas sus ideas.

“Por ejemplo, en una de las habitaciones se exhibe una cuna que le vendió la tía Natalia Novoa, de Tlacotalpan, ya que en una inundación el agua la hizo inservible, pero con paciencia los carpinteros la reconstruyeron”.

Durante 30 años, la ex hacienda fue casa de descanso

Ya inaugurada con el esplendor del mobiliario antiguo restaurado y otros objetos de arte o decorativos, la ex hacienda de El Lencero fue casa de descanso para la familia de don Rafael Murillo Camacho y números invitados, entre los cuales estaban intelectuales, políticos, artistas y gente connotada en diversos campos del saber, como lo evidencia el Libro de Firmas de la estancia.

Una de esas visitantes ilustres fue la poetisa y escritora chilena Gabriela Mistral, quien pasó dos meses descansando aquí y se enamoró -decía ella- de esta hermosa hacienda.

“Como testimonio, conservo un manuscrito que hizo en borrador, donde habla de su estancia agradable y del agradecimiento a la familia Murillo, texto que posteriormente publicó en diversos periódicos”.

También visitó El Lencero el fundador de la CTM y del Partido Popular Socialista, Vicente Lombardo Toledano, así como el cardenal francés Eugene Tisserant y el músico catalán Pablo Casals.

Otros visitantes ilustres fueron los ex presidentes Lázaro Cárdenas, Miguel Alemán Valdés, Adolfo Ruiz Cortínes y Adolfo López Mateos.

En su oportunidad, visitaron la ex hacienda de El Lencero los artistas de cine Angélica María y Julio Alemán, así como el camarógrafo Gabriel Figueroa.

Escuela con monjas canadienses

En 1959, don Rafael Murillo Camacho inició otra remodelación en El Lencero e introdujo la energía eléctrica, trabajo encargado al arquitecto Enrique López Paredes.

En su afán filantrópico, el propietario convirtió la antigua fábrica de hilados en una escuela internado para niños pobres, para lo cual trajo de Canadá a unas monjas maestras.

El proyecto no prosperó porque algunos padres querían que los chicos asistieran a clases y regresaran a sus hogares, con el peligro que significaba salir a la carretera nacional Xalapa-Veracruz, por lo que el edificio se vendió y ahora opera ahí la Academia Regional de Policía de la Secretaría de Seguridad Pública, cerca de Dos Ríos, cabecera del municipio de Emiliano Zapata.

También está cercana la población de Miradores del Mar, llamada así porque en algunos amaneceres despejados se ve en el cielo el reflejo del agua marina iluminada por los primeros rayos del sol, pero no es que se vea propiamente el Golfo de México.

Por su parte, la capilla de El Lencero también fue restaurada, pues la utilizaban como bodega y hasta para guarecer al ganado; obviamente, carecía de puertas y vidrios en las ventanas. Su remodelación se le encargó a un pintor y escultor de Puebla, apellidado Ravelo, quien completó su obra con unas santos tallados en madera.

En 1938, monseñor Manuel Pío López, obispo de Xalapa, bendijo la capilla que tiene como patrono a San José, iniciándose una cauda de eventos litúrgicos de carácter social como bodas, quince años, primeras comuniones, bautizos con sus respectivas misas. Entre otras personas, la nieta del propietario, Luz María Dorantes Murillo, hizo ahí su primera comunican y su casamiento religioso.

Don Rafael, después de cerrar la escuela para varones, abrió una para niñas humildes que también funcionaba como internado, para que estudiaran la primaria y las carreras técnicas de secretarias o contadoras privadas, atendido por religiosas de la orden de Santa Teresita del Niño Jesús, instalada en una construcción anexa a la capìlla, actualmente conocida como la Casa de las Monjas, donde funciona una cafetería.

Gestiones para abrir una escuela de Agricultura

Durante el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas y dada la amistad que tenía el general michoacano con don Rafael Murillo, le solicitó la venta de 14 hectáreas de terreno, colindantes con la población de El Chico, en el municipio de Emiliano Zapata, para abrir ahí una escuela de Agricultura dedicada a jóvenes veracruzanos hijos de campesinos.

Lamentablemente, este proyecto educativo no prosperó y diez años después, el señor Murillo Camacho compró al gobierno federal esas catorce hectáreas en 35 mil pesos, junto con un certificado de Inafectabilidad Ganadera expedido por el Departamento de Asuntos Agrarios, con la firma aval del entonces presidente Adolfo Ruiz Cortínes.

Ya con la salud deteriorada, a sus 84 años de edad don Rafael vendió en 1968 la legendaria ex hacienda de El Lencero a la señora Lourdes Ortiz Monasterio, coordinadora de Relaciones Públicas del profesor Carlos Hank González cuando fue jefe del Departamento del Distrito Federal,

La operación de compra-venta se realizó por la cantidad de un millón y medio de pesos, con todas las joyas de mobiliario antiguo, retratos al óleo, lámparas, cuadros, enseres de cocina y vajillas que había adentro.

En 1981, esta dama capitalina vendió el inmueble en doce millones de pesos al gobierno del Estado encabezado por Agustín Acosta Lagunes, quien la adquirió para convertirla en museo.

“Por cierto, en los folletos que se imprimieron para venta a visitantes del museo, no se menciona a mi abuelo como el propietario y restaurador de El Lencero.

“Yo creo que no es justo que a los visitantes que llegan a la ex hacienda se les engañe, contando fantásticas historias de ‘cómo vivió ahí el general Santa Anna.

“Realmente, este afamado militar nunca se imaginó que otro paisano suyo, millonario filántropo del siglo XX, fuera a dar a conocer parte de su historia.

“Por eso, yo pediría a las autoridades correspondientes que reediten dichos folletos y que a El Lencero se le llame ‘Museo del Mueble’ y se omitan las mentiras acerca de que ahí radicó Santa Anna, quien en realidad vivía en “Manga de Clavo”, otra hacienda de su propiedad ubicada más abajo, por el rumbo de Plan del Río”.

Con información proporcionada por Luz María Dorantes Murillo/Foto de Ernesto Viveros Lazcano
 
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