MAX, centro vivo para la investigación
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2018-02-03 15:40:37
*Rocío Velasco Fuentes realiza microestudios químicos a los residuos de 69 braseros sahumadores y candeleros *Es la primera ocasión que tales objetos son estudiados desde esa perspectiva
Karina de la Paz Reyes/ Xalapa, Ver
Rocío Velasco Fuentes, egresada de la Licenciatura en Arqueología por la Universidad Veracruzana (UV) y actualmente estudiante de posgrado en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), realiza –por primera vez– microestudios químicos a los residuos de 69 braseros sahumadores y candeleros que resguardan las bodegas del Museo de Antropología de Xalapa (MAX).

La arqueometría es una disciplina científica que emplea métodos físicos o químicos para los estudios arqueológicos. Rocío hace uso de la química para corroborar qué utilidad tenían tales piezas de cerámica.

Velasco Fuentes es egresada de la Facultad de Antropología de la UV, generación 2004-2008; en 2011 ingresó a la Maestría en Estudios Mesoamericanos de la UNAM y en 2016 al doctorado homónimo.

Durante la licenciatura tuvo la oportunidad de realizar trabajo de campo en el sitio arqueológico La Joya, ubicado en el municipio de Medellín de Bravo, Veracruz, donde colaboró con la arqueóloga Annick Daneels.

“Hice una práctica de excavación con ella. En ese entonces excavamos un cuarto de acceso a una plataforma, tomamos muestras para residuos químicos de pisos y las procesé cuando entré a la maestría, ése fue mi tema de investigación”, rememoró.

En aquel cuarto de acceso había unas marcas de quemado que por su delimitación se intuía que no eran producto de un incendio intencional ni accidental, sino del posible uso de braseros, porque eran circulares.

“El análisis de residuos químicos lo usamos para determinar la función de ese espacio. Realizamos seis pruebas: proteínas, fosfatos, carbohidratos, carbonatos, PH (referente a los lugares donde se realizaron combustiones) y residuos grasos. Cada una puede determinar ciertas cosas. Desde entonces me gustó el trabajo de laboratorio y procesamiento de muestras.”

En aquella investigación su conclusión fue que gracias al análisis del piso se comprobó que tal lugar había sido un espacio ritual, porque había altos valores de proteínas, los que indican sangre. También el PH fue elevado, lo que denotaba combustión y cenizas. “Los pisos estaban muy desgastados, pero si bien tuvo mucho uso, no era para la gente común”, agregó.


Investigación arqueológica fuera de la tradición

Rocío Hernández Morales, del Laboratorio de Prospección Arqueológica del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, explicó que durante más de 30 años han desarrollado una serie de técnicas que permiten identificar los residuos de actividades humanas del pasado.

A decir de Hernández Morales, son pocos los proyectos que han integrado dentro de sus investigaciones los estudios arqueométricos, dado el interés en otros.

“A lo largo del tiempo, básicamente la arqueología mexicana se ha hecho de una forma tradicional, es decir, solamente excavar, recuperar los objetos, hacer un estudio de forma y sobre ésta determinar funciones.”

No obstante, un estudio arqueométrico de alguna pieza, como en este caso de cerámica, se apoya de varias disciplinas para determinar o proponer su actividad o función en el pasado.


En la búsqueda de sangre y resinas

En su investigación doctoral, Rocío optó por pasar de trabajar con pisos a hacerlo con piezas de cerámica. “Aquella vez fue la marca del objeto y ahora trabajo con el objeto”, dijo a manera de hilar las investigaciones de su autoría.

La colección que trabaja tiene piezas principalmente de El Zapotal, pero también de Nopiloa y Dicha Tuerta, sitios localizados en el centro de Veracruz.

“Lo que estoy haciendo es raspar el fondo del recipiente, porque era ahí donde se podía concentrar todo el líquido. Con las pruebas lo único que estamos determinando es el uso de líquidos, por eso estamos muestreando el fondo y en algunos casos los bordes.”

El planteamiento de Rocío es que si bien siempre se ha pensado que tales piezas eran consideradas de rito, para depositar ofrendas de autosacrificio –como sangre–, no hay nada confirmado.

“Mi estudio ayudará a determinar si realmente éstos eran sólo objetos rituales o tenían otra función, porque también hay propuestas de que podrían ser cocinitas, en el caso de los braseros.

”Al final, también podría ser una función ritual, pero es algo difícil de determinar; aunque la decoración de algunos –como personajes de cuerpo completo– lleva a pensar que no se hubieran usado para cocinar algo. Yo me inclino porque eran depósitos de ofrendas.”

Por ello, en los estudios que realiza busca indicios de sangre y resinas, como el copal, pues ésta era utilizada para establecer contacto entre el hombre y los dioses.


Nopiloa y El Zapotal, sitios no excavados

Al cuestionar a la universitaria sobre cuál es la contribución de su investigación, en primera instancia enfatizó que los objetos que estudia provienen de sitios que se identificaron por denuncia, rescate o salvamento, dado el saqueo de que eran víctima y las piezas se pusieron a buen resguardo pero no se volvieron a tocar.

Es más, “por ejemplo, los de Nopiloa y El Zapotal son sitios que no se excavaron y estos materiales son la única información que tenemos”. Precisó que tan sólo Nopiloa fue explorado en la década de 1960 y El Zapotal en la de 1970.

Con tal contexto, también remarcó que trabaja con piezas que están resguardadas en las bodegas y no en las salas de exhibición del MAX, lo cual pone en evidencia que todo objeto de esta naturaleza aporta mucha información de aquella época.

“De ahí podemos indagar sobre las formas de vida, rituales de las sociedades que habitaron esos sitios. Se trata de rescatar información de sitios que desde hace décadas no se han vuelto a excavar.”

De paso, remarcó que conocer las formas de vida y los rituales prehispánicos sirve para reconocerse como sociedad. Hoy en día, una comunidad de la región de Papantla continúa elaborando incensarios que se asemejan a éstos, y sólo los utilizan en Todos Santos. “Es entender el pasado para poder comprender que algunas prácticas de ahora son parte de una tradición”.

La joven investigadora comentó que en el centro de Veracruz hay muchísimos de estos objetos, pero mientras en zonas como la maya o el Altiplano están muy bien estudiadas, acá se carece de tales investigaciones.

Es más, la suya servirá para comparar, pues hay ciertas formas de braseros cuyo origen se atribuye a tal o cual cultura y no es así. “No son únicas, también las tenemos acá”.

Agregó que ése también ha sido un problema, porque como en el centro de Veracruz no hay arquitectura monumental, todo el tiempo se ha pensado que acá no pasaba nada interesante.

Caso contrario son los sitios mayas, mexicas o Teotihuacán –considerado el origen– donde hay más investigación, “pero resulta que existen algunas formas que son más antiguas acá que en esos sitios, entonces también es romper estas ideas”.

Rocío reiteró la importancia de piezas como las que trabaja, porque son fuente de información; además, es concienciar que sitios pequeños, que sólo consisten en arquitectura de tierra, como el caso de La Joya, también son importantes, pues hablan del conocimiento que debieron tener aquellas sociedades de ingeniería y arquitectura para mantener monumentos con tales características en el trópico.

Asimismo, se trata de que quienes tengan en sus terrenos ese tipo de estructuras de tierra, eviten su destrucción y el saqueo de piezas, que reflexionen que son fuente de valiosa información para esta sociedad; también tiene la intención de invitar a los estudiantes de Arqueología para que se acerquen al MAX, donde hay material interesante para investigar, no sólo en las salas de exhibición, sino en bodegas.

En enero de 2018 Rocío está en la tercera y última temporada de trabajo de campo de su investigación doctoral, las anteriores fueron en enero y mayo de 2017. “Ahora estamos tomando las muestras y regresando a México las tengo que procesar en el laboratorio”.

Rocío remarcó las facilidades que le ha otorgado el MAX para realizar su investigación; asimismo, reconoció el interés de esta entidad universitaria para que se estudien las piezas de su colección, “porque no todos los museos te dan la facilidad de entrar y trabajar”.


La colaboración institucional es poco común

En esta última temporada de su trabajo de campo le acompaña Rocío Hernández Morales, del Laboratorio de Prospección Arqueológica del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, quien explicó que el estudio de residuos químicos es una combinación de técnicas que se han desarrollado en la química y en la física, y ellos las utilizan y aplican directamente en estudios de arqueología.

Con los estudios arqueométricos el Laboratorio de Prospección Arqueológica de la UNAM complementa las investigaciones de los arqueólogos: “Básicamente recuperamos cosas que no se pueden ver a simple vista, estudiamos a nivel micro aquellos residuos que al parecer nadie sabía que estaban ahí, pero que gracias a otros investigadores sabemos de su existencia, que se han conservado durante mucho tiempo y que es viable recuperarlos para complementar las investigaciones sobre el pasado”.

No sólo es poco común tal método de investigación, sino que los objetos de estudio tengan como procedencia el centro de Veracruz, comentó Rocío Hernández. “Pocos se han interesado en la zona veracruzana, entonces por ello Rocío Velasco recibió todo el apoyo por parte de quienes dirigen el laboratorio, Luis Barba Pingarrón y Agustín Ortiz Butrón”.

La también arqueóloga remarcó que Rocío entabló colaboración con el laboratorio desde que realizó su tesis de licenciatura, siendo estudiante de la UV y colaboradora de Annick Daneels.

“Para nosotros es muy importante colaborar con diferentes instituciones como el MAX; además, el que tengan la apertura de conocer el material que tienen en bodega es poco frecuente, el que abran las puertas a una investigación y nos permitan como institución externa integrarnos y aplicar lo que sabemos hacer es poco común. Sería maravilloso que otras instituciones siguieran este ejemplo”, celebró.


El camino a la bodega no fue sencillo

Suena sencillo el hecho de que la investigadora en ciernes haya logrado desarrollar su proyecto doctoral con material que se resguarda en las bodegas del MAX de la UV, pero no fue así.

Ixchel Fuentes Reyes, responsable de Bodega del MAX, destacó que como museo universitario están doblemente obligados a apoyar la investigación y a los estudiantes de licenciatura o posgrado.

Remarcó que tal respaldo se da siempre y cuando se cumpla con la normatividad. En el caso de la propuesta de Rocío, por el tipo de análisis que plantea, fue necesaria la autorización del Consejo de Arqueología y del Registro de Monumentos y Zonas Arqueológicas del Instituto Nacional de Antropología e Historia, entidades encargadas por ley federal del cuidado y patrimonio arqueológico. “Son las máximas autoridades en cuestiones de arqueología”.

Fue bajo la autorización y normas de éstas que el MAX de la UV permitió el análisis de los materiales arqueológicos.

“El hecho de que haya piezas en bodega es porque no podemos exhibir todo en las salas, pero el material que hay aquí es ‘vivo’, puede seguirse investigando; hasta nosotros que estamos aquí de lunes a viernes siempre nos encontramos cosas novedosas y nos falta tiempo para estudiarlas.”

Como en otras ocasiones, Fuentes Reyes remarcó que las bodegas del MAX están ávidas de ser estudiadas. “No nos cerramos a ninguna investigación, incluso nosotros aprendemos muchísimo”, dijo gustosa.

A manera de conclusión, la directora del MAX, Maura Ordóñez Valenzuela, comentó que tal investigación es una muestra del apoyo y apertura que tiene la institución para con los estudiantes y egresados de la Facultad de Antropología de la UV; coincidió en decir que los resultados de esas investigaciones les informan acerca de lo que resguardan.

Aclaró que en el MAX también han sido y son bienvenidos estudiantes de otras disciplinas como artes plásticas y escultura, y no sólo de la UV sino de otras instituciones del país y el extranjero.

Asimismo, destacó que el MAX resguarda piezas cuyo valor histórico para la nación es invaluable, por ello invitó a la comunidad universitaria y público en general a visitarlo de martes a domingo, de 9:00 a 17:00 horas. Para mayores informes consultar: www.uv.mx/max
 
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