Coordenadas
Por: Enrique Quintana
El extraño caso de Javier Duarte
2017-04-19 / *Si la detención de Duarte fuera a favorecer inequívocamente al PRI, tal vez podría construirse la hipótesis de que se trató de una maniobra electoral
En las redes sociales, desde el sábado por la noche y hasta el día de ayer, pueden encontrarse amplias referencias respecto a la ‘conspiración’ detrás de la detención de Javier Duarte en Guatemala.

Que si hubo un acuerdo para canjear la detención por la inmunidad de la familia; que si se eligió la Semana Santa para que se diluyera el impacto; que si el viaje de la familia fue para despedirse, porque sabían que iba a ser detenido, y súmele toda una serie de especulaciones. Todas caben.

La única que parece fuera de lugar, porque nadie la refiere, es la que alude al azar, es decir, la que refiere a la circunstancia de que precisamente ahora se encontraron las pistas suficientes para determinar la localización de Duarte, al margen de tiempos electorales.

El PRI ya dijo que el hecho evidencia la determinación de la autoridad para ir en contra de los corruptos, lo que ha generado suspicacias.

El PAN ya dijo que el PRI y el gobierno pretenden ‘lavarse la cara’, lo que implica sólo dar la apariencia de que se va a ir contra de la corrupción, sin realmente hacerlo.

Morena –por la vía de AMLO– ya dijo que la van a querer implicar en los malos manejos de Duarte para impactar negativamente en los resultados probables en el Estado de México.

En México tenemos una propensión natural a imaginar que todo ocurre por una conspiración. ‘Nada es casual en la política’, reza el adagio.

Y, no es gratuito. Por décadas, los procesos sociales y políticos eran articulados por la autoridad federal. Por el presidente, para decirlo rápido. Había un gran centro de comando que tomaba todas las decisiones. No había causalidades.

Si la detención de Duarte fuera a favorecer inequívocamente al PRI, tal vez podría construirse la hipótesis de que se trató de una maniobra electoral.

Ya las encuestas dirán, pero por lo que se percibe en la opinión pública, no me parece que necesariamente el PRI sea el beneficiario del hecho. Bien podría ser el más perjudicado.

Si observamos lo que hay atrás de tres casos notorios: Yarrington, Lozoya y Duarte, podremos entender.

Que en un caso haya sido la autoridad norteamericana y su larga mano que llegó hasta Italia; que, en otro, el motor sea la confesión de los ejecutivos de Odebrecht ante la autoridad norteamericana; y que, en el otro, sea esencialmente la acción de la autoridad mexicana, así haya ocurrido la detención en Guatemala, no obsta para hacer creer que todo es parte de un solo plan. Nos imaginamos una especie de mano invisible.

Contra lo que muchos creen, la vida y la política son complejas y frecuentemente azarosas. Los tres casos citados no tienen una causa única. Obedecen a procesos diferentes. Lo único que tienen como fondo común es un movimiento internacional de combate a la corrupción.

Este tema está muy lejos de ser un asunto vinculado sólo a los comicios del próximo junio.

Después de las elecciones estatales, el tema seguirá como uno de los grandes asuntos del país, implicando a personajes de todos los colores y banderas.

O ¿acaso alguien cree que se podrá tapar el sol con un dedo? O ¿habrá algún grupo político que se sienta tan puro como para tirar la primera piedra?

Si ya lo imaginó, ni me diga.

Twitter: @E_Q_
 
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El diputado federal Alberto Silva Ramos ni suda ni se acongoja. Este día, el legislador tuxpeño debía encarar su defensa ante la Sección Instructora del Congreso de la Unión, pero al parecer, para él, la fecha pasó desapercibida ya que ni siquiera el presidente de ese órgano deliberativo, Ricardo Ramírez Nieto, convocó a sus integrantes para recibir al veracruzano. De acuerdo con la Ley, Silva Ramos está obligado a presentar su defensa siete días después de haber sido notificado, pero pareciera que las prioridades de la Sección Instructora y del propio legislador, están enfocadas en su boda el día de mañana en el municipio de San Rafael. Aquella promesa que hizo el Presidente de la Sección Instructora de que "no se solapará a nadie", quedó en eso: en una simple promesa.
 
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